Nota 6 · Notas pedagógicas
Tips para escribir stand up
Quince consejos prácticos y un orden para sentarte a escribir sin bloquearte.
1. Arrancá con una actitud
Toda pieza de stand up empieza con una actitud. Las seis básicas que enseña Judy Carter y que recogen todos los manuales de stand up en castellano son: es difícil, es estúpido, es extraño, da miedo, amo, odio. También te podés preguntar cualquier otra cosa que te mueva: lo que te indigna, lo que te enternece, lo que te confunde.
Elegí una. Sólo una para empezar.
2. Sumale un tema
Una vez que tenés actitud, ponele un tema. Algunas ideas para no quedarte en blanco:
- Tu nombre
- Tu trabajo (o falta de trabajo)
- Tu pareja o expareja
- Tu cuerpo
- Tus hobbies
- Tus viajes
- Tu vida social
- Tu infancia
- Tus errores y fracasos
- Tus mascotas
- Tus vecinos y cosas del barrio
- Las compras online
- La tecnología
- La salud y el ejercicio
- La familia
- Las finanzas personales
- Pasatiempos raros
- El laburo freelance
Carter recomienda algo más: llevá una libreta encima todo el día y anotá lo que te molesta, lo que te asusta, lo que te indigna, lo que te enternece, sin filtrar nada. Esa libreta es tu cantera.
3. Combiná actitud y tema en una premisa
Con la actitud y el tema en la mano, armá una premisa simple, universal y creíble.
Te dejo dos ejemplos a propósito malos, para que los mejores:
"Es una cagada llamarse Marcelo."
"Me molesta llamarme Hugo."
Mejoralas vos. Probá distintas formulaciones, distintas palabras. La premisa todavía no tiene que ser graciosa: lo gracioso siempre va a estar en el remate.
4. Soltate
Una vez que tenés la premisa, escribí todo lo que se te ocurra. No te censures, no te juzgues, no busques que sea gracioso. Todavía no es el momento de corregir, es el momento de generar.
Si te bloqueás, cambiá de tema y volvé después. La hoja en blanco no te debe nada.
Importante: "sin filtro" es una regla del momento creativo, no del escenario. Lo que se queda en el papel pasa después por dos filtros. El primero es el del oficio: si no tiene remate, no es chiste. El segundo es el de la ética: a quién le estás pegando con esto y para qué. De eso hay una nota aparte: La víctima del chiste.
5. Tres ejemplos para masticar
Te dejo tres chistes ya armados para que veas cómo se separan info y remate.
Alejandro Horvat
"Fracasé en mis dos matrimonios: mi primera esposa se fue, la segunda se quedó."
Setup: "Fracasé en mis dos matrimonios."
Punchline: "…la primera se fue, la segunda se quedó."
Lo gracioso es la paradoja: lo esperable sería que los dos fracasos sean parecidos. Pero acá uno es lo opuesto del otro, y eso convierte algo aparentemente bueno (que se quede) en parte del fracaso.
Sam Kinison
"Con la droga no hay final feliz: te enfermás, vas preso o se te acaba."
Setup: "Con la droga no hay final feliz."
Punchline: "…te enfermás, vas preso o se te acaba."
Es una regla de tres. Las dos primeras consecuencias son tragedias serias y esperables. La tercera ("se te acaba") debería ser una buena noticia, pero el remate la presenta como otra tragedia. Y eso revela algo sobre el personaje que habla: el tipo extraña la droga.
Checho Falco
"Ya tengo 50, pasé de sexo, droga y rock and roll a para mí sin sal."
Setup: "Ya tengo 50, pasé de sexo, droga y rock and roll…"
Punchline: "…a para mí sin sal."
El contraste es el motor: la juventud rebelde versus la cautela típica de la edad. La frase "para mí sin sal" instala una preocupación de salud (presión arterial), y eso hace que el contraste sea brutal y cómico.
6. Quince tips para escribir mejor
- Buscá tu estilo. Mirá todo el stand up que puedas y no copies a nadie. Ser uno mismo es lo único que tenés.
- Observá el mundo. La inspiración está en lo cotidiano. Una conversación, una cola, un letrero mal escrito.
- Hacé listas de temas. Anotá todo lo que te molesta, te asusta o te parece raro.
- Escribí sin filtro. Lo que en serio no dirías, en chiste sí podés. Para eso está el humor.
- Separá crear de corregir. Primero generás. Después editás. Nunca al mismo tiempo.
- Sé honesto. Escribí sobre lo que te interesa de verdad, no sobre lo que creés que va a hacer reír.
- Confiá en la inspiración. Las ideas aparecen cuando aparecen. Tené dónde anotarlas.
- Buscá la sorpresa. La risa nace de lo inesperado. Si el público lo ve venir, no se ríe.
- Alimentá la cabeza. Leé, mirá, escuchá, viajá. Mente abierta y curiosa.
- Divertite escribiendo. Diego Wainstein lo decía siempre: "divertirse para divertir". Si vos no la pasás bien, el público tampoco.
- Aceptá fallar. Algunos chistes no van a funcionar. Es parte del trabajo.
- Conocé tu público. En lo posible, adaptá el material al lugar y a la gente. No es lo mismo un teatro que un bar.
- Usá el cuerpo. Pensá, observá y exagerá tus gestos. El cuerpo cuenta tanto como las palabras.
- Planificá las interacciones. Si vas a hacer preguntas al público, anticipá las respuestas posibles y tené chistes preparados.
- No le tengas miedo al silencio. Una pausa bien colocada genera más risa que una palabra apurada.
7. La parte cruel: tachar
Diferenciá la información graciosa de la información rematada. Si una idea no tiene remate, no es chiste. Y si no es chiste, no se dice arriba del escenario.
Recomendación práctica: las ideas sin remate no las tires, dejalas a un costado en otro archivo. Quizás más adelante encuentres el remate que les falta.
Es un momento cruel pero indispensable. Si la información no está rematada, no hay chiste. Y si no hay chiste, no lo decimos.
8. Pulir y volver a pulir
Ya tenés tus chistes con info y remate. Ahora viene el pulido: probá distintas palabras, distintos órdenes, distintas formas de cerrar. Releé las notas de los remates e intentá agregar todos los que puedas a cada chiste.
Acordate: la palabra que dispara la risa va al final. Si tu remate termina con una palabra cualquiera y la palabra clave queda en el medio, reescribilo.
9. Salí a probarlo
Cuando ya tengas tu material pulido, es hora de un open mic. Cuidado: todavía falta laburo (la presentación, el tiempo, los nervios), pero la única forma de saber si un chiste funciona es probarlo en una sala.
Gracias por llegar hasta acá.
Un abrazo,
Checho