Nota 5 · Notas pedagógicas
Sin remates no hay risas (parte 2)
Literalidad, la actuación del chiste, callbacks, running gags y oneliners.
6. Literalidad y lógica en extremo
Este remate juega con tomar las palabras al pie de la letra, generalmente para invertir el sentido obvio.
Dos ejemplos clásicos (uno está en el manual de Kristof Micholt):
"Fui al videoclub y le dije al hombre que quería alquilar Batman por siempre. Me respondió: 'No, debés devolverlo el domingo.'"
"Un hombre va a la biblioteca y pide un libro sobre cómo suicidarse. El bibliotecario le responde: 'No te lo presto, porque no me lo vas a devolver.'"
La gracia está en que la respuesta es lógica… pero solo si tomás las palabras de manera ultra literal. Esa lógica torcida es el motor del remate.
7. La actuación del chiste
Acá entramos en algo más grande que un tipo de remate: una forma de pensar el chiste.
Hay dos maneras de presentar el material en un escenario:
- Contarlo. Decís lo que pasó. Es el formato narrativo: "Yo trabajaba en una peluquería y me cobraban cualquier cosa".
- Actuarlo. Hacés que pase ahí, en escena, con voces, gestos, cuerpos. Lo materializás.
La actuación del chiste, o el chiste materializado, no es solo poner voces. Es convertir el remate en una imagen o una acción que el público ve pasar en el momento, no que tiene que imaginar. La risa nace de la imagen, no de la frase.
Por qué importa
Carter trabaja esto con profundidad y la entiende como una capa avanzada del oficio. A mí me llevó tiempo asimilarla: cuando la leí por primera vez no me terminó de cerrar. La fórmula que terminó funcionando me la dio Gabriel Córdoba, con tres trazos para construir cualquier personaje en escena.
Tres trazos para actuar un personaje
- La voz. Elegí tono, agudo o grave. Si no te sale —como me pasa a mí—, hacelo con tu voz pero compensá con cuerpo y discurso para que quede claro quién habla.
- La postura. Encorvate para hacer a tu abuela, parate erguido para hacerte vos. Trazos gruesos, indudables.
- El punto de vista. "Hijo, ¿estás fumando porros?" suena distinto en boca de un hippie o de un conservador. El tono te dice quién habla.
Ejemplo 1: el peluquero
Por fin llega mi turno, me siento y el peluquero me dice:
— ¿Qué hacemos?
— Y… si no te jode, cortame el pelo.
— No, me refiero a cómo te corto.
— ¡Hijo de puta! Si no sabés cómo cortarme, cerrá y rebuscatela como cualquier inútil: repartí volantes, cuidá coches, goberná Buenos Aires.
Mirá lo que pasa en ese chiste: no estoy contando una situación, la estoy haciendo pasar. Hay una peluquería, un peluquero, una indignación. El público no escucha un chiste: lo presencia.
Ejemplo 2: el gerente de aguas
A veces no actuás un personaje propio, actuás otro. Mirá este:
"Venden agua y aconsejan no consumirla. ¿Qué clase de negocio es ese? Mi carnicero es un pelotudo pero jamás me diría 'ahorrá carne, hacete vegano'. ¿Se imaginan? 'Bueno, como gerente de Aguas Argentinas, estoy orgulloso de informarles que por tercer año consecutivo hemos logrado bajar el consumo de agua. ¡A este paso, en dos años nos quedamos todos sin laburo!'"
Acá el remate no es la lista (incolora, inodora, insípida, intomable). El remate es convertirme en el gerente cínico que celebra la tragedia. La gracia está en la actuación, no en lo que digo: está en cómo me transformo en otro.
Cuidado con los personajes que pisás
Cuando hacés actings de minorías, extranjeros, personas con discapacidad o cualquier grupo en desventaja, cuidá que el personaje no sea el chiste. Una imitación que se ríe de un acento, de una limitación o de un rasgo del otro suele caerle mal a la sala, por más que técnicamente esté bien actuada.
La regla práctica: el personaje es el vehículo, no el blanco. El blanco del chiste tiene que estar en otro lado (en vos, en la situación, en el poder). Sobre esto hay una nota entera: La víctima del chiste.
8. Otros recursos
Callback (volver a llamar)
En el callback volvés a usar el remate de un chiste anterior. Para que funcione tiene que ser un material probado, que ya sepas que causa risa, y tiene que ser contundente, porque hay altas chances de que el público te recuerde por ese chiste.
El callback es ideal para cerrar un set o un show. Si está bien armado, genera una sensación de cierre, de que todo el material estaba conectado, y suele provocar muchas risas porque el público se siente cómplice de algo.
Carter lo llama recapitulación y la presenta como una de las herramientas más queridas por el público porque crea intimidad: el cómico le hace acordar al público de algo que vivieron juntos hace cinco minutos.
Running gag
El running gag es un remate que se repite varias veces a lo largo de la rutina. Puede ser una muletilla, una frase, un gesto. Es como un callback, pero en lugar de aparecer una sola vez al final, vuelve cada tanto.
La primera vez genera risa. La segunda más. La tercera, si está bien colocada, ya hace que el público se ría antes de que la digas.
Oneliner
Chiste corto, en una sola línea. Es difícil: hay que escribir mil para que salga uno bueno. Es la forma que más exige economía de palabras.
Ejemplos:
"Yo nunca fui el preferido de mis padres, y eso que soy hijo único." — Hugo Fili
"Fracasé en mis dos matrimonios: la primera se fue, la segunda se quedó." — Alejandro Horvat
Para llevarte
- La literalidad invierte el sentido obvio: respuestas lógicas que rompen el contexto.
- La actuación del chiste no es un tipo de remate más: es una forma de pensar todo el material.
- Materializar es hacer que el chiste pase, no contarlo.
- Personajes con tres trazos: voz, postura, punto de vista.
- El personaje es vehículo, no blanco. Cuidá a quién imitás y por qué.
- El callback cierra y junta. Lo usás cuando el remate ya fue probado.
- El running gag se repite. Cada vez genera más risa.
- El oneliner es difícil. Si te sale uno, guardalo como un tesoro.
- Romper reglas de cortesía o conductas correctas esperadas siempre sorprende.
Con esto cerramos la etapa de escritura. Si todavía no escribiste nada, ya es hora de que lo hagas.
Gracias por llegar hasta acá.
Un abrazo,
Checho